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Fray Eddy Omar Polo se dirige a los religiosos de la Vicaría de Venezuela

Roberto Mason | “Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17, 21). Ante la rápida propagación del virus Covid-19, el mundo ha dado un giro inesperado. Las economías se han tambaleado, las calles se han quedado vacías por la obligatoria cuarentena, el ritmo pastoral en los colegios se ha paralizado, nuestros apostolados han tomado las medidas de prevención que se han pedido, y en las parroquias ha cambiado de real a virtual, y todo parece detenerse ante la amenaza del virus. 

Para los seres humanos, esta pandemia se ha convertido en un verdadero quebradero de cabeza y, en medio de tantos miedos como vive el hombre posmoderno, también nosotros podemos sentirnos inquietos o angustiados. Veníamos a un ritmo galopante en este año 2020. Todo estaba medido y calculado en nuestras extensas agendas: si fallaba el plan A, ya teníamos el bosquejo de un plan B. Así somos, seguros en nuestras planificaciones y proyectos. 

Pero con lo que no contábamos era con el urgente frenazo que el Coronavirus, sumado a la situación y política de crisis que vive el país, nos iba a imponer en nuestro viaje seguro por el tiempo. Hasta la Semana Santa -¡quién lo iba a imaginar!- se celebrará este año de manera distinta en su forma, pero igual en su profundidad. Será la primera vez en la vida de muchos cristianos católicos.

Nuestras comunidades no son ajenas a esta situación inédita que vive el mundo hoy. Como consagrados, “compartimos en la caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres, para mostrarles el camino de la salvación”. En este tiempo marcado por tanta incertidumbre y desolación, estamos llamados a “discernir los signos de los tiempos y a crecer en la fidelidad al Evangelio” (Plegaria Eucarística Vc). En este sentido, se están dando loables iniciativas para mantener un ritmo pastoral nuevo, usando los interesantes areópagos de las redes sociales y medios de comunicación social, iniciativas sociales y medicas con prudencia y responsabilidad ante las medidas sanitarias. 

Agradezco a los religiosos por su ingenio y creatividad en desarrollar una pastoral de comunión y esperanza en estos tiempos difíciles. Quiero aprovechar esta ocasión para reflexionar con todos ustedes, algunos aspectos de cara a esta inédita realidad que estamos viviendo. No pretendo con este mensaje imponer criterios o hacer derroche de erudición como si fuera perito en la materia. Soy un pequeño servidor de esta viña del Señor que me ha encomendado cuidar.

1.- Es como un ungüento precioso (Sal 132, 2): El paso de este virus nos afecta también en la movilidad. Si le pedimos a la gente que lo mejor es quedarse en casa, nosotros somos los primeros llamados a dar ese testimonio, por el bien de todos, Cuidarnos para cuidar a los demás, principalmente a los hermanos mayores; salir de casa para lo necesario. En una situación normal, nuestras comunidades religiosas priorizan, en el Proyecto de Vida y Misión, la atención pastoral. Pero durante estos días de cuarentena hemos tenido que permanecer en nuestras comunidades. Pienso que es el tiempo oportuno para sentir el suave olor de convivir los hermanos unidos. No pongo en tela de juicio que, en el tiempo normal, esta vivencia gozosa se dé en nuestras comunidades, sino que esta es la oportunidad de acentuar más este aspecto del carisma. Les sugiero un ritmo sereno y pausado en los momentos de oración, más encuentros comunitarios para compartir y conocernos más. 

La vida nos está dando la ocasión de fortalecer nuestras relaciones interpersonales, sanar heridas y contemplar, en el hermano, el rostro de Dios. Viene a mi memoria un texto de Nuestro Padre San Agustín que nos puede servir de inspiración para estos días: “Otras cosas había que cautivaban más fuertemente mi alma con ellos, como era el conversar, reír, servirnos mutuamente con agrado, leer en común libros amenos, bromear unos con otros y divertirnos en compañía; discutir a veces, pero sin animadversión, como cuando uno disiente de sí mismo, y con tales disensiones esporádicas condimentar las muchas conformidades; enseñarnos mutuamente alguna cosa, suspirar por los ausentes con pena y acoger con alegría a los que llegaban. Con estos signos y otros semejantes, se derretían, como con otros tantos incentivos, nuestras almas y de muchas se hacía una sola” (Conf. IV, 8, 13). 

Entre nosotros se encuentra el Prior General de la Orden, con el Secretario General, quienes, como bien saben, han tenido que permanecer en la comunidad de Maracaibo y parar su apretada agenda por la necesaria cuarentena. Nos confirma contar con su presencia en estos momentos difíciles, al mismo tiempo que, como todos los religiosos los cuidamos y se cuidan y, gracias a Dios, se encuentran bien de salud y viviendo este tiempo también como de gracia, ante la apretada agenda anual. 

2.- Estén siempre dispuestos a dar razón de su esperanza (1Pe 3, 15): Hay mucha gente confundida, asustada y estresada por este frenazo brusco que el Coronavirus nos ha impuesto. No es el momento para secundar la desesperanza, sino para fortalecer la esperanza. Que nuestro contacto, aunque sea virtual, con la gente siempre esté encauzado por la alegría y el optimismo. Les invito encarecidamente a usar los medios de comunicación social para llegar a los pusilánimes y desesperados, fomentar iniciativas que favorezcan los valores que predica el evangelio, es una oportunidad para ir cambiando nuestras estructuras eclesiales y de ir buscando a nuestros hermanos alejados, ahora desalentados, que tienen hambre y sed de Dios; fomentar momentos que nos acerquen a atender a los hermanos en la caridad humana. 

Un país que ya estaba sufriendo una grave situación social, no puede quedarse abandonado; nuestra creatividad nos debe impulsar a ser solidarios con los que aún menos tienen, insistiendo siempre en la prudencia y tomando en cuenta las medidas sanitarias que nos protejan y protejan a estos hermanos necesitados. Esta situación nos debe animar a consolar y acompañar al pueblo que sufre en el cuerpo y en el espíritu. Atrincherarse en la comunidad para perder el tiempo, para apagar la chispa de la creatividad, no deja de ser un escandaloso pecado contra la santidad de nuestro ministerio. 

Somos pastores al servicio del pueblo santo de Dios. Nuestra misión es reanimar a la oveja agotada, preocuparnos por la oveja enferma, curar a la que está herida, y, finalmente, seguir buscando a la extraviada para devolverla al redil del Señor (Ez 34, 4ss). No nos neguemos a atender a los enfermos que soliciten los sacramentos de curación con el pretexto de la emergencia sanitaria; a los que hambrientos, los que viven del día y que ahora no pueden hacer lo que hacen porque todo se paralizó. Vayamos a su encuentro observando las medidas de protección señaladas por los organismos de seguridad. Es tiempo de la Solidaridad. Desde nuestra pobreza actual podemos dar mucho.  

3.- Mirarán al que traspasaron (Za 12, 10): En los últimos retiros espirituales de la Vicaría, el día penitencial lo dedicamos a contemplar la Cruz del Señor. Recordarán que, después de las laudes, entronizamos la cruz. Es una mirada para sanar y también para hacernos conscientes del precio de nuestra salvación: “No olviden que han sido rescatados de la vida vacía que aprendieron de sus padres; pero no con un rescate material de oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha ni defecto” (1Pe 1, 18-19). 

La Semana Santa nos recuerda su sacrificio por nosotros. También fue puesto en lo alto, en el escarnio de la cruz, para que todo el que crea en Él se salve (Jn 3, 14). Cuando los israelitas eran mordidos por las serpientes en el desierto, Moisés levantó un estandarte con una serpiente de bronce, por orden de Yahvé, para que todos los que miraran el signo fueran curados (Núm 21, 8). En esta especial circunstancia, provocada por un virus, nuestra mirada se posa en la cruz redentora de Jesús, con la esperanza de ser curados y liberados de la pandemia. Sus heridas nos han curado (Is 53,5; 1Pe 2,24). De esta terrible experiencia saldremos fortalecidos y victoriosos.

Finalmente, quiero insistir a mantenernos firmes en la esperanza, confianza y la fe que nos llama el Señor. Recordemos lo que el Papa Francisco nos decía el viernes 27 de marzo en la homilía antes de la Bendición Urbi et Orbi: “nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que los Discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta. En esta barca no estamos todos” y “en tiempos de sufrimiento, entendemos el llamado de Jesús “que todos sean uno”.

Para Semana Santa tomemos en cuentas las Orientaciones Pastorales que tanto la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los sacramentos, la Comisión episcopal de Litugia de Venezuela han elaborado para conmemorar estos días. Abracemos la Cruz  de Cristo que nos anima a abrazar todas las contrariedades de este tiempo y es abrazar al Señor que nos abraza en la esperanza de una Resurrección Gloriosa.

Con mi cercanía y oración. Dios nos bendiga.


Fr. Eddy Omar Polo Ángeles

Vicário Provincial OAR

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Mensaje de Fr. Eddy Omar Polo a los hermanos de la Vicaría Provincial de Venezuela.

“Que todos sejam um, assim como tu, Pai, estás em mim e eu em ti, para que também eles estejam em nós e o mundo creia que tu me enviaste” (Jo 17, 21). Ante a rápida propagação do vírus Covid-19, o mundo deu um giro inesperado. As economias desabaram, as ruas ficaram vazias pela quarentena obrigatória, o ritmo pastoral nos colégios paralisou, nossos apostolados tomaram as medidas de prevenção que se pediu, e nas paróquias se converteram em presença virtual, e tudo parece estar em estado de espera diante da ameaça do vírus. 

Para os seres humanos, esta pandemia se tornou um verdadeiro quebra-cabeça, em meio a tantos medos, como vive o homem pós-moderno, também nós podemos nos sentirmos inquietos ou angustiados. Estávamos em um ritmo neste ano de 2020. Tudo estava medido e calculado em nossas extensas agendas: si falhasse o plano A, já tínhamos o plano B. Assim somos, seguros em nossas planejamentos e projetos. 

Mas, com o que não contávamos era com esta ruptura causada pelo Coronavirus, a qual se soma a situação política de crise que vive o país (Venezuela), tendo como resultado o que nos iria impor, por um tempo, em nosso cotidiano seguro. Até a Semana Santa – quem diria! – será celebrada este ano de maneira distinta em sua forma, mas igual em sua profundidade. Será a primeira vez na vida de muitos cristãos católicos. 

Nossas comunidades não estão alheias a esta situação inédita em que vive o mundo hoje. Como consagrados, “partilhamos na caridade as angústias e as tristezas, as alegrias e as esperanças dos homens, para mostrar-lhes o caminho da Salvação”.  Neste tempo marcado por tantas incertezas e desolação, somos chamados a “reconhecer os sinais dos tempos e empenhem-se, de verdade, no serviço ao Evangelho” (Oração Eucarística VI-C). Neste sentido, se estão dando louváveis iniciativas para manter um ritmo pastoral novo, usando os interessantes areópagos das redes sociais e meios de comunicação social, iniciativas sociais e médicas com prudência e responsabilidade ante as medidas sanitárias. 

Agradeço aos religiosos pela inventividade e criatividade em desenvolver uma pastoral de comunhão e esperança nestes tempos difíceis. Quero aproveitar esta ocasião para refletir com todos vocês alguns aspectos imediatos nesta inédita realidade que estamos vivendo. Não pretendo com esta mensagem impor critérios ou fazer erudição como se fosse um perito na matéria. Sou um pequeno servidor na vinha do Senhor que ele me encomendou para cuidar. 

1.- És como um unguento precioso (Sl 132, 2): A realidade deste vírus nos afeta também na questão da mobilidade. Como pedimos para as pessoas ficarem em casa porque é melhor, nós devemos ser os primeiros a dar este testemunho, para o bem de todos, cuidar-nos para cuidar dos demais, principalmente os irmãos mais idosos. Por isso, devemos sair de casa somente para o necessário. Numa situação normal, nossas comunidades religiosas dão prioridade, no Projeto de Vida e Missão, para a atenção pastoral. Mas, durante estes dias de quarentena temos que ficar em nossas comunidades. Penso que é o tempo oportuno para sentir o suave odor de conviver unidos com os irmãos. Em tempos normais a convivência com os irmãos é uma realidade de alegria, e agora temos uma oportunidade de acentuar ainda mais este aspecto do nosso carisma. Sugiro que levemos um ritmo sereno e pausado nos momentos de oração, mais encontros comunitários para partilhar e nos conhecer mais. 

A vida nos está dando uma ocasião para fortalecer nossas relações interpessoais, sarar feridas e contemplar, no irmão, o rosto de Deus. Vem à minha memória um texto de Nosso Pai Santo Agostinho que pode servir de inspiração para estes dias: “Outra coisa havia que cultivavam mais fortemente minha alma com eles, como era o conversar, rir, servir-nos  mutuamente com agrado, ler em comum livros amenos, brincar uns com os outros e divertir-nos em companhia; discutir as vezes, mas sem adversidade, como quando um discorda de si mesmo, e com tais dimensões esporádicas condimentar as muitas conformidades; ensinar mutuamente alguma coisa, suspirar pelos ausentes e acolher com alegria os que chegam. Com estes sinais e outros semelhantes, se derretiam, como com outros tantos incentivos, nossas almas e de muitas se fazia uma só”. (Conf. IV, 8, 13). 

O Prior Geral da Ordem e o Secretário Geral se encontram em Venezuela, como sabem, e tiveram que permanecer na comunidade de Maracaibo e dar uma pausa em sua apertada agenda por causa da quarentena. Estamos juntos nestes tempos difíceis e, como todos os religiosos, cuidamo-nos uns dos outros e, graças a Deus, eles se encontram bem de saúde e vivendo este tempo também como tempo de graça. 

2.- Estejam sempre dispostos a dar razão de sua esperança (1Pe 3, 15): Tem muita gente confusa, assustada e estressada por esta situação brusca que o Coronavirus nos impôs. Não é este o momento para secundar a desesperança, mas sim para fortalecer a esperança. Que nosso contato com as pessoas, ainda que seja virtual, sempre esteja repleto de alegria e otimismo. Convido a todos, encarecidamente, a usar os meios de comunicação social para chegar aos necessitados e desesperados, fomentar iniciativas que favoreçam os valores do Evangelho; é uma oportunidade para ir mudando nossas estruturas eclesiais e buscar nossos irmãos que estão distantes, agora desalentados, que tem fome e sede de Deus; fomentar momentos em que possamos atender aos irmãos na caridade humana. 

Um país que já estava sofrendo uma grave situação social, não pode ficar abandonado; nossa criatividade deve nos impulsionar a ser solidários com os que têm ainda menos, insistindo sempre na prudência e tomando em conta as medidas sanitárias que nos protejam e protejam os mais necessitados. Esta situação nos deve animar a consolar e acompanhar o povo que sofre no corpo e no espírito. Entrincheirar-se na comunidade para perder tempo, para apagar a chama da criatividade, não deixa de ser um escandaloso pecado contra a santidade de nosso ministério. 

Somos pastores a serviço do povo santo de Deus. Nossa missão é reanimar a ovelha esgotada, preocupar-nos pela ovelha enferma, curar o que está ferida e, finalmente, seguir buscando a extraviada para devolver-la ao rebanho do Senhor (Ez 34, 4ss). Não nos neguemos atender os enfermos que solicitam os sacramentos de cura com o pretexto da emergência sanitária; aos que tem fome, aos que vivem do que o dia lhes proporciona e que agora não podem contar com a caridade alheia porque tudo se paralisou. Vamos ao seu encontro observando as medidas de proteção dadas pelos organismos responsáveis. É tempo de Solidariedade. A partir de nossa pobreza atual, podemos dar muito. 

3.- Olhem para quem transpassaram (Zc 12, 10): Nos últimos retiros espirituais da vigararia, o dia penitencial é dedicado a contemplar a Cruz do Senhor. Recordemos que, depois da oração de Laudes, entronizamos a Cruz. É um olhar que damos para curar e também para estarmos conscientes do preço de nossa salvação: “Não se esqueçam que foram resgatados da vida vazia que aprenderam de sus país; mas não com um resgate material de ouro o prata, mas sim com o sangue precioso de Cristo, o Cordeiro sem mancha nem defeito” (1Pe 1, 18-19). 

A Semana Santa no recorda o sacrifício de Cristo por todos nós. Também foi colocado no alto, no escárnio da cruz, para que tudo o que creia n’Ele seja salvo (Jo 3, 14). Quando os israelitas eram mordidos pelas serpentes no deserto, Moisés levantou um estandarte com uma serpente de bronze, por ordem de Yahvé, para que todos os que olhassem o sinal fossem curados (Nm 21, 8). Nesta especial circunstância provocada por um vírus, nosso olhar se dirige para a cruz redentora de Jesus, com a esperança de sermos curados e libertados da pandemia. Suas feridas nos curaram (Is 53,5; 1Pe 2,24). Desta terrível experiência sairemos fortalecidos e vitoriosos. 

Finalmente, quero insistir para que nos mantenhamos firmes na esperança, na confiança e na fé que nos chama o Senhor. Recordemos o que o Papa Francisco nos disse no dia 27 de março na homilia antes da bendição Urbi et Orbi: “encontramo-nos assustados e perdidos. Igual que os Discípulos do Evangelho, uma tormenta nos surpreendeu.  Nesta barca estamos todos e em tempo de sofrimento, entendemos o chamado de Jesus para que todos sejam um”.

Para a Semana Santa tomemos em conta as Orientações Pastorais que tanto a Congregação para o Culto Divino e a Disciplina dos sacramentos, a Comissão episcopal de Liturgia de Venezuela elaboraram para comemorar estes dias. Abracemos a Cruz de Cristo que nos anima a abraçar todas as contrariedades deste tempo é abraçar o Senhor que nos abraça na esperança de uma Ressurreição Gloriosa.

Com minha amizade e oração. Deus os abençoe. 


Fr. Eddy Omar Polo Ángeles

Vigário Provincial OAR

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